Glosario

Este glosario fue inspirado, alimentado, y en algunas partes adaptado del trabajo de Susana Vargas Cervantes, académica, feminista, y compañera ruidosa a quien agradecemos su generosidad y activismo.

Una forma de mirar el mundo que reconoce que a las mujeres, y a todos quienes no se identifican con el género masculino, se les ha discriminado a través de la historia y a través de las culturas. El feminismo busca terminar con esta injusticia, reafirmando el derecho de todas las personas a vivir libres de estereotipos e inequidades artificiales. Por eso, se busca igualdad social, política y económica. Esto incluye superar situaciones como los sueldos desiguales entre hombres y mujeres, la distribución injusta de las tareas del hogar, o la idea persistente de que el mayor éxito en la vida de una mujer viene de la maternidad y la familia, entre muchas otras.
Una ruidosa, un ruidoso, unx ruidosx, es alguien que reconoce que la sociedad es indignantemente desigual, y que quiere gritar, hablar fuerte, hacer ruido para que eso cambie. Es alguien que quiere aportar creativamente a estos problemas, y quiere hacerlo desde un enfoque que promueve la solidaridad, el compartir, la alianza.
Somos ruidosas cuando callamos nuestros pensamientos para escuchar en profundidad la experiencia del otro.
Somos ruidosas cuando escuchamos a nuestro cuerpo, cuando encontramos resistencia en nuestra vulnerabilidad. Hacemos ruido cuando transformamos el discurso paternalista que nos dice que en la vulnerabilidad no hay resistencia. Sabemos que es justo en la vulnerabilidad donde encontramos resistencia porque no estamos solas, tenemos a las otras ruidosas con nosotras para caminar juntas.
Somos ruidosas para hacernos fuertes juntas.
El género es un sistema que regula cómo nos relacionamos con otros, permea nuestros pensamientos y valores, e incluso da forma a las instituciones de un país. De acuerdo a características biológicas, y a cómo las personas hablan, se visten, y actúan, se etiqueta a las personas como femeninas o masculinas. Con cada etiqueta va acompañada una montaña de expectativas sobre cómo cómo las personas debieran verse, comportarse, actuar y sentir. En la vida cotidiana, el género determina cosas cómo por qué a las mujeres se nos educa para seguir cierto tipo de profesiones, y a los hombres otro. En sus expresiones más violentas, llega incluso hasta provocar la muerte de quienes no se conforman a estas normas y expectativas. El género también condiciona a pensar binariamente: o eres hombre, o eres mujer, y no considera de que hay gente que puede no sentirse identificadx con ninguno, o con más de uno.
Gozar de privilegios es tener una serie de ventajas que otros no tienen, sólo por pertenecer a cierto grupo. Querer luchar contra la desigualdad de género es también reconocer en qué aspectos de nuestras vidas hemos sido privilegiadas o privilegiados. La cantidad de dinero que se tiene, la raza, la contextura física, el capital cultural que se hereda, son todas fuentes de privilegios, distinciones arbitrarias que a veces nos nublan y nos hacen pensar que todos gozan de los mismos beneficios de nosotros.
Es un concepto que se usa mucho en el mundo de la academia feminista, que hace hincapié en cómo la discriminación de género está atravesada también por muchos otros factores como el nivel socioeconómico, la raza, el aspecto físico, y más. Ser feminista interseccional es reconocer que no podemos luchar contra la desigualdad de género sin luchar también contra todas las otras formas de desigualdad: Esa que condena a muchos a la pobreza, que discrimina a quienes tienen la piel más oscura, que castiga por orientación sexual, por la edad, o por ser discapacitada/o, entre otros. La opresión existe en distintos niveles, muchas veces afectando a la misma persona varias veces, en distintas dimensiones.
La discriminación es tratar a alguien de manera injusta por cómo es, cómo se ve, cuánto dinero tiene, etcétera. Es aplicar desventajas arbitrarias a alguien sólo por pertenecer a cierto grupo. Hay personas que experimentan discriminación en muchas dimensiones de su vida (por ejemplo, una mujer trans homosexual probablemente será discriminada por no identificarse con el género que la sociedad le asigna, por ser mujer, y además por no orientarse sexualmente hacia el sexo opuesto); hay otras que pocas veces viven la experiencia de sentirse discriminados en su vida.
Es un sistema que asume que el género es binario (o eres hombre y que eres mujer) y que lo correcto y lo natural es ser heterosexual. Es decir, establecer relaciones amorosas sólo entre hombres y mujeres. Si bien esta creencia se ha ido derrumbando en algunas partes del mundo, todavía sigue muy viva en otras, incluso en países que creen haberla superado. Aparece de forma sutil en ideas como que las mujeres no pueden ser las que piden matrimonio, o que los hombres no pueden mostrarse vulnerables. Aparece todavía más brutalmente cuando se violenta, incluso hasta la muerte, a personas que desafían esta norma, por ejemplo, siendo homosexuales.
Es el reconocer el valor infinito que tiene el ser distintas y distintos, y autodefinirnos como se nos dé la gana, sin que tengamos que seguir normas impuestas que nos incomodan y hacen daño. La diversidad es también valorar al otro, ser humilde ante las experiencias de otras personas, y aprender de ellas. Afirmar que la diversidad es un valor es creer en que somos diferentes en muchas cosas, pero iguales en nuestra humanidad.

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